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Acerca de la culpa y la presión social edulcorada

A veces me impactan la cantidad de frases en apariencia tan bonitas que circulan en las redes. Todas ellas tan colmadas de ganancia y motivación. Proverbios de jarrones rotos que se vuelven a unir con hilos de oro, o sentencias de pensamientos positivos y leyes de atracción que transforman las vidas en un paraíso de grandes logros. 

Me impactan porque, en el fondo, siento que encierran una enorme trampa: ahí, detrás de aquellas palabras, habita la culpa. Sí, culpa por no haber sido capaces de remendar lo roto. Culpa por los pensamientos algunas veces tan oscuros. Culpa por enfermarnos, ¡es que seguro no sonreímos lo suficiente! Culpa por no meditar ni hacer yoga ¡como todos! para calmar la ansiedad. Culpa por no cumplir con lo que la sociedad espera de nosotros... aunque sea en algún momento. 


Culpa por ser tan imperfectos, tan humanos. 


Es que en este mundo ordinario siento que no vale preguntarse acerca de la felicidad, a pesar de que en apariencia se hable tanto de ella. ¿Pero nos importa realmente? A veces pareciera que lo único que vale es cómo nos vemos ante los demás, las fachadas, es decir, cuán exitosos somos ante la mirada ajena. Y así, en este camino del exitismo social, corremos el riesgo de acallar nuestros verdaderos deseos, nuestros instintos, nuestra identidad esencial, esa que habita por fuera de los mandatos. Nuestra libertad. Esa libertad de elegir la vida que queremos vivir, y no la eligen por nosotros. 


¿Encuentran la trampa en esta placa que circula tanto por las redes? Me atreví a intervenirla en rojo:



En palabras muy bonitas nos dan “más tiempo”, pero nos instalan la culpa aún más. Entre líneas, el mensaje de fondo sigue diciendo: debés estudiar, debés casarte, debés tener hijos, debés tener una casa propia, debés ser un emprendedor. ¡La ventaja ahora es que en este juego de la vida te damos más tiempo! Así que si no lo lográs, sentí el doble de culpa.     


Y en realidad, más allá de mis intervenciones, tacharía todo y en lugar de la frase final pondría: No permitas que las presiones sociales te hagan sentir menos, cada quien es libre de elegir su camino.


Me despido con una canción que compartí tiempo atrás. Vale la pena escucharla otra vez.





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