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Un día dejé de confundir aceptación con resignación

El  espacio  era  ínfimo, pero en esa tarde de invierno se había estrechado aún más. Yacía en el suelo, abrazada a mis rodillas, acunando mi cuerpo con mínimos balanceos. Mi espíritu languidecía ahogado entre lágrimas, ropa, papeles y libros, que parecían querer hundirme hasta perderme, sin piedad.    ¿ Qué es lo que hacía  a h í, en aquella buhardilla extraviada en el fin del mundo y entregada al desamor?, me pregunté, sin dejar de maravillarme por la belleza en el juego de luces que se filtraba por la pequeña ventana. Tierra del Fuego tenía eso, una luz especial en horas extrañas, transparente, pura en su rutina gélida.    “Es lo que elegí”, pensé sin cesar mi llanto silencioso. “Tampoco es que estoy tan mal y, al fin y al cabo, todo siempre pasa. No es tan grave, es el camino que tomé, un compromiso del que tengo que hacerme cargo”, continué en una catarata de autoconvencimientos engañosos.   Es que en esos días todavía...

Del fluir y el sentido de la vida

“Lo bueno  llega solo, simplemente hay que estar atento .  Creo que e n la vida hay que dejar que las cosas fluyan”, escuché decir el otro día y, sin más, esa noche me fui pensando en esa palabrita: fluir.    Cuando pienso en fluir inevitablemente imagino un río  más   bien estrecho  y rápido. Se origina en el deshielo que lo ve nacer y corre decidido entre subidas y bajadas, entre piedras apenas perceptibles y rocas que casi lo coartan, pero sigue, avanza, no se detiene hasta llegar a su destino amplio para fundirse en un descanso de aguas mayores, donde ya no precisa avanzar decidido, simplemente puede dejarse balancear  en paz   por  el viento que sopla sobre el mar.   Creo que, entre frases hechas, fiaca y positivismo  edulcorado , a veces caemos en confundir el sentido de las cosas. Personalmente,  y como expresé en tantas otras ocasiones,  soy una convencida de que en la vida hay que moverse, h...