Ahí estaba, con el corazón comprimido, deseando tener alas para elevarme por los cielos y escapar lejos, muy lejos de aquella situación tortuosa. Me hallaba parada junto a otras tres chicas que tampoco habían sido seleccionadas aún para formar parte de los equipos. Jugaríamos al “quemado”, un juego violento, de jerarquías y poder, y yo rezaba por no quedar última. “Que te elijan última es una pesadilla, significa que sos la peor y no tenés cualidades ganadoras para el juego”, pensé. “Aunque mejor sería desaparecer... Sí, volar y desaparecer me haría feliz.” Por aquel entonces tenía seis, también tenía siete, ocho, nueve y todas las edades escolares. La escena había entrado en un círculo vicioso angustiante para mi mente infantil y adolescente. A mis padres no se los contaba, mi hogar era mi refugio, mi lugar seguro, mi escape a mundos imaginarios y no quería contaminarlo con episodios sin dudas insignificantes. O, tal vez, me daba vergüenza delatar mis c...
En el día a día, a veces es un desafío mantenerse fiel a uno mismo, a la propia esencia e identidad. Lo urgente opaca lo importante y, sin darnos cuenta, corremos el riesgo de aplazar nuestros proyectos, dudar acerca de quiénes somos y cuáles son nuestros verdaderos objetivos de vida. En este espacio propongo que tomemos las riendas, reafirmemos nuestra identidad y nos animemos a abrazar la vida para avanzar hacia nuestros sueños con paso pequeño o grande, pero decidido y lleno de amor propio.