Cierta vez, a los trece años, me esguincé el tobillo tan severamente que me tuvieron que colocar un yeso. Sucedió mientras estaba de viaje de estudios du rante un juego tan divertido, como bélico y cruel: el juego de las banderas. El mismo, trataba de dos bandos – azul y rojo – que debían esconder sus tres banderas en algún rincón oculto del vasto bosque del predio que nos alojaba. Debíamos hallar las insignias del equipo contrario y en el proceso “eliminar” a la mayor cantidad de contrincantes posibles, a fin de reducir sus posibilidades de alcanzar el objetivo. Cada uno de nosotros poseía tres vidas y , para identificarse, llevaba una cinta de lana del color de su equipo atada al brazo. Así, “los enemigos” se abalanzan, crueles, para arrancar las cintas y entregarlas al coordinador, también encargado de devolver hasta tres v...
En el día a día, a veces es un desafío mantenerse fiel a uno mismo, a la propia esencia e identidad. Lo urgente opaca lo importante y, sin darnos cuenta, corremos el riesgo de aplazar nuestros proyectos, dudar acerca de quiénes somos y cuáles son nuestros verdaderos objetivos de vida. En este espacio propongo que tomemos las riendas, reafirmemos nuestra identidad y nos animemos a abrazar la vida para avanzar hacia nuestros sueños con paso pequeño o grande, pero decidido y lleno de amor propio.