“Me contaron que cuando te morís vas al cielo y ahí nacés otra vez, todo nuevito”, me dijo la hijita de Diego hace apenas unos días. Con sus siete añitos, el tono de su voz delataba seriedad mientras sus ojos me observaban solemnes, grandes. De pronto, intrigada, lanzó: “Si pudieras elegir entre seguir viva o morir ahora y que después puedas estar toda nuevita otra vez, ¿qué harías? Elegir morir, ¿no? Porque todo lo nuevo es más lindo, ¿no?”, continuó ella con curiosidad. “Pero, ¿y cuánto dura nuevo lo nuevo?”, le pregunté. Leti me miró intrigada: “¿Unas horas?”, indagó. “Puede ser, ¿pero, y entonces, para qué querer siempre estar nuevitos si enseguida vamos a dejar de estarlo ?”, le repliqué, divertida. “ Mmmm es verdad , no, unas horas no ... ¡Duramos nuevitos c omo unos 100 años!”, exclamó triunfal . “Bueno ”, le dije, “Si ...
En el día a día, a veces es un desafío mantenerse fiel a uno mismo, a la propia esencia e identidad. Lo urgente opaca lo importante y, sin darnos cuenta, corremos el riesgo de aplazar nuestros proyectos, dudar acerca de quiénes somos y cuáles son nuestros verdaderos objetivos de vida. En este espacio propongo que tomemos las riendas, reafirmemos nuestra identidad y nos animemos a abrazar la vida para avanzar hacia nuestros sueños con paso pequeño o grande, pero decidido y lleno de amor propio.