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De por qué me gusta simple, profundo e intenso; no complicado

Allí estábamos, sentados en un café disfrutando de un cielo azul profundo y de ese exquisito aroma a primavera; uno que nos sorprendía con sus vaivenes en intensidad, dictados por el humor de la suave brisa.
Nuestra conversación fluía interesante, entre sonrisas e intimidades, esas que surgen sin esfuerzos cuando compartimos momentos con alguien con quien hemos logrado construir cotidianidad. 
Una mañana simple, pero a la vez profunda e intensa. Un pequeño instante de vida, un “aquí y ahora” para atesorar.
Me gusta lo simple, me gusta lo profundo, me gusta lo intenso.
No me gusta lo complicado.
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El que huye, tropieza – parte 1

Cierta vez, a los trece años, me esguincé el tobillo tan severamente que me tuvieron que colocar un yeso. Sucedió mientras estaba de viaje de estudios durante un juego tan divertido, como bélico y cruel: el juego de las banderas. 
El mismo, trataba de dos bandos – azul y rojo – que debían esconder sus tres banderas en algún rincón oculto del vasto bosque del predio que nos alojaba. Debíamos hallar las insignias del equipo contrario y en el proceso “eliminar” a la mayor cantidad de contrincantes posibles, a fin de reducir sus posibilidades de alcanzar el objetivo.